Sorteos de obras en RD: competencia, márgenes y mejores alternativas

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La construcción juega un rol fundamental en muchas economías, y en República Dominicana no es la excepción: aporta más del 12% del PIB y suele ser una pieza clave para la reactivación y consolidación económica.

En ese contexto, las instituciones públicas recurren con frecuencia a sorteos y licitaciones para contratar obras. La intención declarada suele ser abrir oportunidades, dinamizar la economía y facilitar la participación. Pero la pregunta importante para el sector es otra:

¿Los sorteos mejoran la situación comercial de la construcción?

Mi respuesta es no. No porque abrir oportunidades sea negativo, sino porque el mecanismo de sorteo, por su propia lógica, limita la competencia basada en capacidad, eficiencia, innovación y propuesta de valor.

Para entender el impacto, conviene revisar primero algunas características del mercado de la construcción.

Características del mercado de la construcción

El sector construcción suele operar con márgenes bajos en comparación con otras industrias. Además, presenta condiciones particulares:

  1. Competencia basada en conocimiento local y negociación. La experiencia en el entorno, las relaciones comerciales, la capacidad de coordinación y la gestión del riesgo pesan mucho en el resultado.
  2. Bajas barreras de entrada en ciertos segmentos. Muchos contratos se licitan y se adjudican principalmente por precio, lo que reduce el espacio para diferenciarse por métodos, tecnología o desempeño.
  3. Presión constante sobre costos y plazos. La rentabilidad depende de ejecutar con precisión, controlar desviaciones y gestionar adecuadamente cambios, suplidores y equipos.

Este entorno debería incentivar mejores métodos de planificación, contratación, control y entrega. Sin embargo, la forma de adjudicar los contratos influye directamente en los comportamientos del mercado.

Qué son los sorteos de obras

Según la Dirección General de Contrataciones Públicas:

Un Sorteo de Obras es el procedimiento de selección mediante la adjudicación al azar de un contrato entre participantes que cumplen con los requisitos necesarios para la ejecución de obras sujetas a diseño y precio predeterminados por la institución convocante (Ley 340-06, Art. 16, numeral 3).

Entre los beneficios que suele mencionar el Estado al utilizar sorteos están:

  • Dinamizar la economía.
  • Simplificar la participación de profesionales.
  • Aumentar la transparencia del proceso.

Estos objetivos son válidos. El problema aparece cuando el azar sustituye la evaluación competitiva de capacidades, costos, metodología y valor técnico.

Libre competencia: por qué importa

De forma resumida, la libre competencia es una situación en la que personas y empresas pueden participar en una actividad económica, fijar precios y elegir libremente cómo competir. Sus beneficios alcanzan tanto al cliente —en este caso, el Estado— como a las empresas y profesionales del sector.

Para los clientes, puede traducirse en:

  • Mejores ofertas de precio.
  • Mayor variedad de opciones.
  • Mayor calidad.

Para las empresas, puede generar:

  • Igualdad de condiciones.
  • Incentivos a la productividad y la innovación.
  • Desarrollo económico y profesional.

Cuando la competencia funciona, las empresas tienen razones para mejorar: invertir en equipos, capacitar personal, adoptar tecnologías, optimizar procesos y construir reputación técnica.

Consecuencias de adjudicar por azar

En los sorteos de obras no se compite por la mejor oferta, porque el precio ya está establecido y la adjudicación se define al azar entre participantes habilitados. Esto reduce el incentivo a mejorar la propuesta técnica, la productividad y la diferenciación empresarial.

El resultado puede ser negativo para el desarrollo local de la industria. Una empresa que invierte en procesos, talento, control de costos y calidad puede perder frente a otra menos competitiva simplemente por efecto del sorteo. Con el tiempo, esto desmotiva la inversión en capacidades reales.

El riesgo no es solo para una empresa en particular. También afecta al ecosistema completo: contratistas, diseñadores, suplidores, profesionales independientes y propietarios públicos o privados. Si el mercado no premia la eficiencia y la calidad, el sector se vuelve más vulnerable frente a competidores mejor preparados.

Cómo mejorar la situación

En lugar de exigir más sorteos como vía principal para “dinamizar la economía”, deberíamos exigir mejores condiciones de libre competencia. Eso implica procesos más claros, confiables y orientados al desempeño.

El Estado puede contribuir mediante acciones como:

  • Realizar licitaciones transparentes y simplificadas.
  • Recuperar la credibilidad hacia los contratistas.
  • Cumplir y hacer cumplir las leyes que incentivan la libre competencia, investigando y sancionando restricciones.
  • Revisar y modificar regulaciones que restrinjan la competencia.

La meta no debe ser complicar la participación, sino elevar la calidad de la competencia. Un proceso público puede ser accesible y, al mismo tiempo, evaluar mejor la capacidad técnica, la planificación, el cumplimiento y la propuesta de valor.

Alternativas: contratos colaborativos e IPD

A nivel mundial existen métodos de entrega de proyectos más colaborativos, como IPD (Integrated Project Delivery). Estos modelos buscan reducir el despilfarro y distribuir mejor el riesgo entre diseñador, contratista y cliente.

Cuando los incentivos están alineados, las partes tienen más razones para colaborar desde etapas tempranas, compartir información, anticipar problemas y optimizar decisiones. Esto puede aumentar el valor para el propietario y mejorar el resultado del proyecto.

No se trata de copiar un modelo sin adaptación local. Se trata de abrir la conversación sobre mecanismos de contratación que premien la preparación, la transparencia, la coordinación y la innovación.

Conclusión

La construcción dominicana necesita oportunidades, pero también necesita un mercado que premie la capacidad real de ejecutar mejor.

Mejorar los procesos públicos y privados de contratación nos acercaría a los beneficios que ya vemos en industrias más competitivas: mayores márgenes, mejores precios, más innovación y proyectos de mayor calidad.

Los sorteos pueden parecer una solución rápida para distribuir oportunidades. Pero si queremos una industria más fuerte, sostenible y confiable, la prioridad debe ser construir condiciones de competencia que impulsen a las empresas y profesionales a mejorar continuamente.